Qué ver en Vegaviana
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Iglesia de Vegaviana
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Colono en Vegaviana
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Qué ver en Vegaviana
Iglesia de Vegaviana
Colono en Vegaviana
Plazas de Vegaviana
Monumento pueblos de colonización
Arquitectura en Vegaviana
Casas de Vegaviana
Vegaviana, Sierra de Gata
Encinas en Vegaviana

Qué ver en Vegaviana

En una vega a los pies de la Sierra de Gata, rodeada de tierras de regadío y labranza, se asienta una dehesa muy particular donde encinas, jaras, escobas y alcornoques conviven con las calles, las casas y la vida cotidiana de sus habitantes. Vegaviana no se construyó sobre la naturaleza, sino dentro de ella, integrando el paisaje en el propio trazado urbano.

Este municipio de colonización, declarado Bien de Interés Cultural por su valor patrimonial y artístico, es un gran ejemplo de convivencia entre arquitectura, territorio y forma de vida rural.

Entorno y biodiversidad

Vegaviana se caracteriza por un urbanismo abierto, articulado en grandes plazas pobladas de encinas y alcornoques que forman parte del espacio público. El canto de los jilgueros, la presencia constante de aves y la sombra natural de los árboles crean una atmósfera muy singular, difícil de encontrar en otros pueblos de la comarca.

Desde los campanarios de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, las cigüeñas sobrevuelan el pueblo en busca de alimento o material para sus nidos, mientras el visitante recorre tranquilamente las calles blancas bajo las encinas, con la luz reflejándose sobre las fachadas y componiendo una imagen muy reconocible del paisaje extremeño.

A las afueras de la localidad discurre una antigua cañada real conocida como el Cordel o Lejío, paralela a la cual se ha acondicionado un paseo que permite disfrutar del entorno. Junto a las encinas y alcornoques aparece una rica flora autóctona, el majuelo aporta el blanco de sus flores en primavera y el rojo de sus frutos en otoño, mientras que el azafrán, las margaritas, los fresnos y la vegetación de ribera completan el paisaje primaveral.

Vegaviana es también un enclave destacado para la observación de aves. Entre las muchas especies que habitan esta dehesa, destacan los abejarucos, cuya población ha ido en aumento en los últimos años, sumando aún más color y sonido la primavera vegavianense.

Vegaviana, Bien de Interés Cultural

Vegaviana fue fundada en 1954 dentro del programa de pueblos de colonización. Su diseño urbanístico fue obra del arquitecto José Luis Fernández del Amo, quien recibió el Premio Nacional de Urbanismo en 1956 por este proyecto, convirtiendo la localidad en un referente de la arquitectura rural moderna en España.

Las primeras construcciones se realizaron con pizarra y piedra del entorno, revocadas en cal, dando lugar al blanco que sigue definiendo la imagen del pueblo. Las viviendas se diseñaron en función de los oficios de sus habitantes: casas amplias con patios, cuadras y pesebres para agricultores y ganaderos, y otras más reducidas para profesores, obreros, artesanos y la Guardia Civil.

Este planteamiento funcional y humano del urbanismo es una de las claves del valor patrimonial de Vegaviana.

Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Fátima

La iglesia de Vegaviana se aleja de lo convencional y mantiene el mismo estilo austero, limpio y geométrico del resto de las contrucciones, se caracteriza por ser el edificio mas grande y alto de la localidad. 

Al entrar, se observa su interior amplio y despejado. El altar, ligeramente elevado, se convierte en el punto focal del interior, al no contar con grandes ornamentaciones permite que la luz filtrada de las grandes y coloridas vidrieras se refleje en sus blancas paredes.

En el exterior, cuenta con grandes muros blancos de manpostería revocados, dos campanarios, sin grandes elementeos escultóricos pero con una impresionante representación de la Virgen de Fátima en su portada.

Esta iglesia no solo es un ejemplo de arquitectura al servicio de la comunidad, sino también un hito en la historia del urbanismo rural moderno en España.

Su diseño, su integración con la dehesa, su riqueza natural y su valor arquitectónico hacen única a esta desconocida localidad. Aquí, el paisaje forma parte del día a día y la arquitectura explica una forma de entender el territorio. Es una parada imprescindible para quien quiera conocer otra cara de Extremadura y comprender cómo tradición, modernidad y naturaleza pueden convivir en equilibrio.